La doble vida de una bailarina de ballet y a la vez, fan de Harley-Davidson
En el escenario, Vanessa Feuillatte encarna la elegancia del ballet; fuera del escenario, se pone una chaqueta de cuero y recorre a toda velocidad las carreteras de Burdeos al manillar de su Harley®
Vanessa Feuillatte es bailarina principal de la Ópera Nacional de Burdeos. También es una apasionada motociclista, alguien que siempre ha elegido el movimiento en todos los ámbitos de su vida.
“Empecé a bailar cuando tenía solo cuatro años”, dice. Unas palabras que parecen sencillas, pero que lo dicen todo acerca de su vocación, su constancia y su inquebrantable dedicación al arte.
A los ocho años, se unió a un programa de estudios deportivos en la Salle Pleyel de París; a los 11 ingresó en la Ópera de París. Su infancia estuvo marcada por unas altas expectativas y por la competencia: “Fue duro psicológicamente: yo ya tenía una personalidad fuerte, un poco rockera. No siempre encajaba en el molde”.
Pero Vanessa es el tipo de persona que sigue bailando, incluso contra viento y marea. Hizo una prueba para el coreógrafo Benjamin Millepied y para el Ballet de Londres. Fue aceptada, pero decidió alejarse de todo eso. “Ya no me reconocía en ese mundo. Necesitaba que las cosas volvieran a tener sentido”.



A los 17 años, comenzó a estudiar terapia artística y psicología, realizó un curso de lenguas extranjeras aplicadas y se matriculó en la escuela de arte dramático Cours Florent, antes de que la Ópera Nacional de Burdeos se cruzara en su camino.
“Aproveché aquella oportunidad. Y 23 años más tarde, aún sigo allí!”
Ahora, como bailarina principal, Vanessa está orgullosa de lo lejos que ha llegado. Participa activamente en las campañas de donación de sangre de la Liga Francesa contra el Cáncer y en talleres de expresión corporal en una prisión para mujeres. Aporta una dimensión humana poco común a su arte.
“Pongo mi arte al servicio de los demás. Eso es lo que más me gusta. También es lo que desarrolla mi sentido artístico”.
El canto de sirena del motor de una moto
Si el escenario le enseñó disciplina, la carretera le dio espacio para ser libre. “A los 18 años, quise sacarme el carné de moto. Para mí, tener una moto propia significaba la libertad absoluta”.
Pero la vida le tenía preparados otros planes: los estudios, la carrera profesional y sus limitaciones, además de un marido obsesionado con las Harley que, preocupado por su seguridad, la convenció para que no se comprara una moto. “Me dijo que era demasiado peligroso, dada mi profesión”, explica Vanessa. “Era algo que me frustraba, pero lo entendí”.
Años más tarde, un viaje por carretera por Estados Unidos lo cambió todo. “Ya no podía soportar ir de paquete, sin ningún control. Cuando regresamos, le dije a mi marido: “David, voy a sacarme el carné”.
En solo seis meses, compaginando las clases con los ensayos, Vanessa consiguió el ansiado permiso. Probó varias Harley antes de decidirse por la Sport Glide®. “La elegí por su equilibrio. Es bajita y tiene un centro de gravedad perfecto. Me sentí segura con ella desde el primer momento y la he personalizado por completo”, afirma radiante.
Lo que atrae a Vanessa de Harley-Davidson es la estética y el simbolismo. “Siempre me ha encantado Harley. Desde el principio, ha sido la única moto para mí. Hay algo profundamente artístico en la marca: el acabado, las líneas, el equilibrio entre fuerza y sutileza. Es puro rock “n” roll, pero también es femenina”.


Del escenario a la carretera
Los dos mundos no podrían parecer más distantes: por un lado, la elegancia y la delicadeza de los tutús; por otro, la fuerza del metal. Sin embargo, Vanessa establece una clara conexión: “Libertad, adrenalina, asumir riesgos: es lo mismo tanto si estás a punto de salir al escenario como si te dispones a salir de ruta. Sientes esa emoción, esa tensión, esa concentración extrema”.
Para ella, bailar y rodar en moto forman parte de la misma búsqueda del movimiento adecuado, del equilibrio entre la disciplina y el dejarse llevar. “En el escenario, eres libre de hacerlo a tu manera, de expresar tu personalidad. Cuando voy sola en moto por los viñedos de Burdeos, es lo mismo. No hay nadie allí, solo el viento, la luz y el sonido del motor. Todo encaja, como en una coreografía”.
Aun así, no abandona su disciplina de bailarina. “Sigo estando muy atenta”, afirma. “Siempre voy con todo el equipo, incluido un airbag. Entiendo el concepto de riesgo. “No toco mi moto durante la temporada de actuaciones porque no quiero comprometer un papel”.
La precaución no disminuye su pasión, sino todo lo contrario. Alimenta un sentido de respeto y conciencia de su cuerpo y sus movimientos.
Los retos de una bailarina de rock “n” roll
“Soy bastante menuda, ¡y no suelen creerme cuando digo que conduzco una Harley!”, sonríe. “La gente piensa que es genial, pero poco habitual. Y eso es precisamente lo que me encanta”.
Recuerda su primer gran viaje con su marido. “Me llevó al País Vasco, hasta San Sebastián y Guéthary, ya en Francia. Nunca había rodado por autopista, había camiones por todas partes y estaba aterrorizada”.
“Me esforcé más allá de mis límites. Me encanta enfrentarme a mis miedos y convertirlos en placer”, afirma. “Al final del viaje, me sentí libre. Con mi Sport Glide, realmente he encontrado la moto perfecta para mí. Me siento en plena armonía con ella”.
En 2027, Vanessa cerrará su etapa en la Ópera Nacional de Burdeos, pero lo está afrontando con tranquilidad. “Tendré más tiempo para ir en moto, salir con las chicas y desarrollar mi trabajo con colegios y otras organizaciones”. Sin duda, su moto le ayudará en esta transición.
Antes de eso, se está centrando en su próxima actuación en Romeo y Julieta durante todo el mes de diciembre de 2025. “Me encanta este papel. Julieta es toda pasión, energía y amor loco. ¡Y me encanta la música de Prokofiev!”
Cuando se le pregunta qué le gustaría decir a la comunidad del H.O.G.®, no lo duda: “Todos sentimos la necesidad de demostrarnos a nosotros mismos, de mostrar quiénes somos. Pero, sobre todo, hay que atreverse. Con pasión y amor, todo es posible”.
Y añade: “Me gustaría decirles a los jóvenes: ¡Venid! Harley es una marca muy abierta, muy adelantada a su tiempo. ¡Sed curiosos, venid a descubrir este mundo antes de ir a cualquier otro sitio!”
Su mensaje resume a la perfección el espíritu Harley: mira más allá de las apariencias, escucha tus instintos y traza tu propio camino.




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