¿Estás pensando en recorrer la Ruta 66 en su centenario?

El miembro alemán del H.O.G.® Kai-Ingmar Weikert nos comparte sus recomendaciones para el viaje de tu vida por la Ruta 66

He ido en moto desde que tenía 16 años y he tenido varios modelos a lo largo de los años. Como muchos otros motoristas, mi vida ha tenido sus altibajos, pero el motociclismo siempre ha sido una parte constante e importante para mí. Cuando me jubilé, hace aproximadamente un año, lo más natural era hacer realidad mi gran sueño: recorrer la Ruta 66. Después de planear el viaje durante unos seis meses, por fin había llegado el momento. Por supuesto, pregunté a mis amigos motociclistas si querían acompañarme, pero por desgracia ya habían planeado sus vacaciones anuales y no tenían más tiempo libre. Entonces sentí por primera vez que, como jubilado, estás en una posición mucho más cómoda para ser flexible y espontáneo. A finales de agosto, embarqué en un avión con destino a Los Ángeles, California. Aunque tengo cierta experiencia en viajes largos, aún así puse mucho empeño en ordenar minuciosamente mi equipaje. Deseché algunas cosas y añadí otras. Al final, puedo decir que mereció la pena el esfuerzo. El tiempo que pasé leyendo sobre la ruta también fue un tiempo bien empleado. Había planeado tres semanas, así que absorbí todo lo que pude encontrar sobre la ruta. Después elaboré mi propio roadbook. Esto significaba que ya conocía de antemano mis destinos a lo largo de la ruta y me permitió hacer un recorrido muy relajado.

Tras recoger mi Road Glide® de alquiler en Los Ángeles, mi primera parada fue pasar por el concesionario Harley-Davidson local para llevarme un recuerdo. Después salí de la ciudad y viajé hasta Las Vegas, Nevada, pasando por Barstow. Por el camino, me detuve en el Elmer’s Bottle Tree Ranch, una fascinante obra de arte en medio del desierto, hice una parada en el Roy’s Motel and Café –un poco destartalado, ¡pero absolutamente icónico!– y exploré la colorida instalación de las Siete Montañas Mágicas.

En Las Vegas propiamente dicha, lo que más me impresionó fue la Esfera. Y sí, ya sé que Las Vegas no está en la Ruta 66, pero era un deseo personal mío, de ahí el pequeño desvío. Mi camino de vuelta a la Ruta 66 me llevó por encima de la presa Hoover hasta Kingman, Arizona. Hice algunas de las obligadas fotos a la entrada de la ciudad, y luego continué por una ruta que recomendaría encarecidamente: visitar Oatman y conducir por The Sidewinder. Es un tramo de ocho millas de la Ruta 66 que incorpora 191 curvas. El Hotel Oatman (con sus paredes y techos cubiertos de billetes de dólar) y los burros del pueblo también forman parte de las visitas obligadas.

Lo siguiente fueron Prescott y Flagstaff, y luego el terreno empezó a ponerse un poco montañoso al seguir sinuosas carreteras comarcales. A partir de aquí, se volvía notablemente más verde cada día cuanto más al este iba. Si tienes tiempo, te recomiendo que visites Williams y veas el Ferrocarril del Gran Cañón. ¡Bedrock City también es una parada divertida si quieres vivir la experiencia de los Picapiedra! Mi viaje continuó hacia Winslow (una visita obligada para mí, ya que crecí escuchando a The Eagles), y luego hacia Nuevo México, pasando por Gallup, Santa Fe (me hizo mucha ilusión ver la ciudad de cerca, ya que aquí se rodaron muchas películas que recuerdo de mi infancia) y Tucumcari. Me detuve en el Museo del Automóvil de la Ruta 66 en Santa Rosa, y luego vi algunos coches más –en concreto Cadillacs– en Amarillo, semienterrados en la arena. Los aficionados a los bistecs también podrán apostar con su dinero en Amarillo… ¡a quien consiga comerse un bistec de 2 kg, con guarnición, en menos de una hora, le regalan la comida! Pero si no lo consigues, te costará unos 72 $.

Continué pasando por más lugares pintorescos en Slug Bug Ranch y Pops 66 Soda Ranch, en Oklahoma, y pasé junto al Golden Driller y otras figuras gigantescas al borde de la carretera en Tulsa. Seguí rodando hasta Springfield, Missouri: pasé por muchos lugares interesantes, pero uno que me gustaría destacar especialmente es el Schifferdecker Park en Joplin, donde los artistas tienen regularmente la oportunidad de dibujar motivos de la Ruta 66 en el asfalto, la mayoría con efectos tridimensionales.

Siguiendo la carretera hacia San Luis, y luego hacia otro Springfield (esta vez en Illinois), descubrí que la historia volvía a cobrar protagonismo cuando el firme pasa a ser de ladrillos. Fue un tramo memorable mientras me dirigía a mi destino final: Chicago. Después de 21 días en la carretera y más de 5000 km recorridos, me sentí muy satisfecho al dirigirme hacia la ciudad al final de mi aventura. Para mí, fue un sueño hecho realidad, ¡una gran sensación! 

De un vistazo: Las cinco mejores paradas de Kai

  1. Kingman, Arizona
  2. Oatman (¡y The Sidewinder!), Arizona
  3. Santa Fe, Nuevo México
  4. Amarillo (y The Big Texan), Texas
  5. Weatherford, Oklahoma

Echa un vistazo al Instagram de Kai para ver más vistas y seguir sus aventuras.


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