El espíritu de Venecia

La Venetia 1947 no es solo una motocicleta, es una obra maestra hecha a mano que combina la potencia tradicional con la innovación en el diseño y el arte.

Texto y fotos: Polina Krasnova/Bikers Insider

En el mundo de las motocicletas personalizadas, donde el arte se une a la ingeniería, “Venetia 1947” destaca como una creación única que une historia, tradición y artesanía. Construida por Boccin Custom Cycles, un renombrado taller de la ciudad italiana de Venecia, esta extraordinaria máquina es un homenaje a la propia Venecia, que canaliza la opulencia, el simbolismo y las tradiciones históricas de la ciudad en una obra maestra sobre dos ruedas.

El nombre de Venetia, que significa Venecia en latín, remite a las raíces antiguas y la identidad perdurable de la ciudad. Al elegir este nombre, los creadores rinden homenaje no solo a su grandeza estética y cultural, sino también a su papel intemporal como faro de innovación y arte. “1947” hace referencia al año de lanzamiento del clásico motor Harley-Davidson® Knucklehead que propulsa la moto.

Boccin Custom Cycles, bajo la atenta mirada de su fundador y constructor Lorenzo “Boccin” Solighetto, es desde hace mucho tiempo sinónimo de visión audaz y técnica atemporal. Conocido internacionalmente por sus restauraciones al estilo americano y sus motos personalizadas hechas a mano, este taller con sede en Jesolo también funciona como un museo viviente que exhibe con orgullo el trabajo de los impresionantes 30 años de carrera de Lorenzo.

El concepto de la Venetia 1947 comenzó con una visión sencilla pero potente. Fue un encargo de Fabio De Pellegrin, natural de Belluno, que quería una máquina que honrara no solo sus raíces personales, sino también la grandeza de Venecia, cuyo alcance se extendió en su día hasta su ciudad natal durante la época de la República Serenísima. La idea era construir una Knucklehead extrema y tradicional que superara los límites artísticos y de ingeniería y plasmara el alma de Venecia en cada curva.

“No queríamos hacer una moto de exhibición más”, afirma Lorenzo. “Tenía que ser Venecia sobre ruedas. Algo que no solo pareciera veneciano, sino que se sintiera como tal”.

Las referencias a Venecia en la propia moto son tan elegantes como deliberadas. El asiento, por ejemplo, está recubierto de un lujoso terciopelo rojo, el mismo color carmesí intenso que se utiliza en las góndolas tradicionales venecianas. Es un homenaje táctil a los taxis flotantes de Venecia, que evoca recuerdos de canales y serenatas susurradas a la luz de la luna. “Cuando te sientas en esta moto”, afirma Lorenzo sonriendo, “deberías sentirte como si estuvieras subido a una góndola”.

Justo detrás del asiento, la parte trasera de la moto lleva un elemento escultural de acero que llama la atención: el piloto trasero está alojado en una forma inspirada en el “fero da prora”, la característica proa metálica de las góndolas venecianas.

“La forma del fero representa los seis distritos de Venecia y el gorro del dux”, explica Fabio. “Integrarlo en la cola no era solo una cuestión decorativa, sino que era una declaración de los orígenes de la moto”.

Pero quizás la característica más atrevida de la Venetia 1947 es el uso de cristal de Murano, un material poco habitual, por no decir inexistente, en la fabricación de motocicletas. Entra en escena Damiano Carrer, un maestro vidriero de Murano apasionado por romper barreras. Trabajando con sílice fundida y técnicas centenarias, Damiano dio forma a los componentes más fascinantes de la moto: un brillante depósito de gasolina de cristal y un exquisito tapón coronado con una escultura en miniatura del león alado de San Marcos, el símbolo más característico de la identidad veneciana.

“El depósito de gasolina fue todo un reto”, admite Damiano. “Tenía que ser lo suficientemente resistente para la carretera, pero sin perder la claridad y la elegancia que caracterizan al cristal de Murano. Trabajamos con técnicas de capas para garantizar tanto la belleza como la resistencia”.

En cuanto al tapón del depósito, Damiano no se limitó a crear una pieza, sino que contó una historia. El León de San Marcos, translúcido, brilla desde su pedestal como una joya. “Ese león es el protector de Venecia”, afirma. “Queríamos que custodiara el corazón de la máquina”.

Capturar la esencia de la Venetia 1947 con una cámara no era tarea fácil. El equipo optó por nada menos que el corazón de Venecia, el Gran Canal, como telón de fondo. Pero ese nivel de autenticidad no fue fácil de conseguir. La sesión fotográfica comenzó a las 5 de la mañana, envueltos en una espesa niebla fantasmal. El frío de febrero calaba hasta los huesos a pesar de las capas de ropa, y las aguas agitadas sacudían nuestras dos pequeñas embarcaciones, una de las cuales transportaba la moto.

“Ya solo conseguir los permisos para hacer la sesión en el Gran Canal fue una auténtica maratón”, afirma Lorenzo. “Pasamos semanas haciendo solicitudes, papeleos y todo aderezado con un poco de diplomacia veneciana. Al final, creo que la ciudad se compadeció de nuestra obsesión”.

Fabio se ríe: “O tal vez la propia Venecia se sentía generosa ese día. Sea como fuere, se nos abrió una oportunidad y la aprovechamos”.

Unos breves claros en la niebla permitieron que la luz dorada del sol inundara el agua, bañando la moto en un resplandor pictórico, con reflejos que bailaban sobre el depósito de cristal de Murano y el escudo con el león brillando como una reliquia. “Era surrealista”, dice Lorenzo. “Ese momento con la barca a la deriva, el sol rompiendo entre las nubes, Venecia observando… era como si la ciudad dijera: ‘Vale, enséñame lo que has hecho'”.

Más allá de su majestuosidad visual, la Venetia 1947 se conduce con la misma ferocidad que aparenta. La base Knucklehead de la vieja escuela le da un rugido visceral, mientras que el chasis personalizado y la atención a las técnicas de construcción tradicionales la convierten en una máquina pensada para el piloto. Lorenzo destaca que, a pesar de la fragilidad asociada al vidrio, esta motocicleta se ha creado para ser conducida.

“La gente ve el depósito del Murano y piensa que es demasiado delicado”, dice riendo. “Pero lo hemos diseñado para que dure. Es como Venecia: elegante, pero resistente”.

La Venetia 1947 captura la teatralidad de los canales, el misterio de los callejones al atardecer y el trabajo de los artesanos que convierten las materias primas en poesía. A través de su asiento de terciopelo rojo, su iluminación inspirada en las góndolas, su depósito de cristal de Murano y el tapón del depósito con el escudo del león, esta máquina susurra el lenguaje de Venecia mientras ruge por la carretera.

Para Fabio, es la materialización de un sueño; para Lorenzo, es un paso pionero hacia la fusión de la escultura y la velocidad. Pero para cualquiera que posa la mirada en la Venetia 1947, es un recordatorio de que la verdadera belleza no solo se construye, sino que se crea, se recuerda y renace.


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